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Entrevista a Carmen Aleix

Raquel Frutos –

¿Por qué se produce el ictus desde un punto de vista médico?
El ictus o accidente cerebrovascular es un trastorno bastante frecuente entre los adultos que se produce cuando alguno de los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro se rompe o se ve taponado, ante lo cual el cerebro deja de recibir el flujo de oxígeno que necesita y altera la función cerebral.

¿Cuáles son los factores de riesgo asociados a esta enfermedad?
En la actualidad los factores de riesgo están bien identificados, pero hay algunos que, por su naturaleza, no pueden modificarse. Es el caso de la edad y el sexo pues, en general, hasta edades avanzadas, el ictus se da más entre los hombres que entre las mujeres, aunque la mortalidad es mayor en estas últimas. También influye la historia familiar de ictus; el haber sufrido esta enfermedad con anterioridad o pertenecer a determinadas razas, como por ejemplo la raza negra americana, aumenta las probabilidades de sufrirlo, sin que estas condiciones puedan reconducirse en sentido estricto. Luego están los factores modificables que sí que se pueden prevenir.

Habla de factores modificables, ¿qué conductas se deberían evitar para disminuir las posibilidades de sufrir un accidente cerebrovascular?

Efectivamente, el mejor tratamiento es una adecuada prevención y esta comienza por la modificación de los principales factores de riesgo “tratables”. Es el caso de la diabetes, pues el hecho de padecerla deja más vulnerable el cerebro, ya que se vincula también a la presión sanguínea alta. Si encima no hay cuidado del colesterol, el riesgo es mayor, ya que pueden taponarse las arterias. También sufrir hipertensión aumenta el riesgo de sufrir un ictus, por lo que habrá que llevar un minucioso control de la enfermedad, al igual que hay que controlar el colesterol alto. En este sentido se aconseja consumir abundante fibra y reducir al mínimo el consumo de carnes, huevos y demás alimentos ricos en colesterol. A su vez, algunas dolencias cardíacas cursan con determinados tipos de arritmias, como la fibrilación auricular, y el riesgo crece de forma muy considerable. Estas situaciones exigen una actuación médica enérgica para reducir estas malas expectativas en cerca del 70%.

Por otra parte, fumar es perjudicial ya que daña el sistema cardiovascular, y también el alcohol, ya que su abuso aumenta la presión sanguínea. Otros factores de riesgo potencialmente tratables son la obesidad y la vida sedentaria. Y, por último, los tratamientos con anticonceptivos orales, aunque en la actualidad su contenido en estrógenos es bajo, parecen aumentar el riesgo si se suman otros factores, sobre todo el consumo de cigarrillos o padecer otra enfermedad vascular o cardíaca.

Personas cada vez más jóvenes se ven afectadas por esta enfermedad, ¿nadie está exento de sufrir un ictus hoy en día? Si bien es cierto que las personas con más de 65 años tienen mayor riesgo, actualmente se están dando casos en menores. En este sentido, alrededor de uno de cada cinco ictus ocurre en personas jóvenes, incluidas adolescentes y gente de 20, 30 y 40 años.

En este caso, los síntomas del ictus isquémico en los pacientes más jóvenes son similares a los de los mayores, aunque la aparición de síntomas atípicos complica el diagnóstico y los ictus hemorrágicos cerebrales más frecuentes se deben a malformaciones vasculares cerebrales de carácter congénito.

Las personas con más de 65 años tienen mayor riesgo de sufrir un ictus, pero alrededor de uno de cada cinco casos ocurren en personas jóvenes

¿Qué síntomas sirven para alertar de la presencia de este accidente cerebrovascular?
Los síntomas más habituales que deberían poner en alerta a quienes lo sufren son el adormecimiento, debilidad o parálisis de un lado del cuerpo, la dificultad en el habla o en la comprensión, la aparición de problemas repentinos en la visión, y el sufrir mareos, pérdida del equilibrio, del conocimiento o consciencia, así como dolor de cabeza repentino, inexplicable e intenso.

Según datos de la Sociedad Española de Neurología, cada seis minutos se produce un ictus en España. ¿Cuál es la tasa de incidencia total y qué mortalidad se le atribuye?

En España el ictus afecta a alrededor de 120.000 personas al año. El 25% de los afectados fallece y el 50% del porcentaje restante serán dependientes, recuperándose un 50% de ellos. Por tanto, si no es la enfermedad cerebrovascular que más preocupa, sí es de las más preocupantes, sobre todo para las asociaciones de pacientes. Y más teniendo en cuenta que es la primera causa de dependencia en nuestro país.

¿Cuáles son las secuelas más habituales que deja esta enfermedad?
Las secuelas pueden ser físicas, psíquicas o emocionales y deben ser tratadas y valoradas individualmente. Además, es importante remarcar la factura social que tiene esta enfermedad para las familias de los pacientes.

¿Qué novedades destacaría en el tratamiento de esta enfermedad, en lo referido a mejorar la calidad de vida de los pacientes?

Actualmente con las unidades de ictus y el código ictus se ha dado un gran avance. Destacaría también la implantación de la trombolisis, método específico para el tratamiento del ictus en fase aguda, que se desarrolla teniendo en cuenta criterios muy estrictos. Consiste en lisar el trombo detectado al paciente para que pueda recuperar la circulación con normalidad, disminuyendo notablemente las secuelas. En la actualidad se dispone de anticoagulantes orales directos mucho más eficaces y seguros que el Sintrom.

¿De qué manera afectará el progresivo envejecimiento de la población española a la incidencia del accidente cerebrovascular?

El envejecimiento de la población incrementará de forma relevante la cifra de afectados por dolencias vasculares. Actualmente no decrece la cantidad de ictus que se producen anualmente.

¿Qué estrategias sociosanitarias serían eficaces para disminuir la prevalencia de esta enfermedad?
Resultaría útil realizar campañas de prevención para facilitar el conocimiento de lo que es un ictus y sus consecuencias con

el fin de mejorar la concienciación y participación ciudadana, así como fomentar charlas o talleres en las escuelas, empresas, etc. para adquirir unos hábitos de vida saludables. Mejorar el autocuidado y la corresponsabilidad de la ciudadanía también es importante. Eso en lo que respecta a la población, pero la administración también tiene su parte de responsabilidad y no parece que estén por la labor de tomar medidas. Se necesitan más unidades de ictus, mayor acceso a las nuevas terapias farmacológicas y, sobre todo, dar un mayor acceso a la rehabilitación a los pacientes, ya que esto cambia sus vidas y las de sus familias.

Uno de los objetivos es que no se recorte más en rehabilitación, pues hay un abandono de los pacientes cuando se les da de alta y los Servicios Sociales no los atienden en sus demandas

Por último, ¿cuáles son los objetivos de la Federación para los próximos años? Nuestros objetivos son seguir reivindicando la prevención, las unidades de ictus, la calidad en los tratamientos, sobre todo en los que pueden evitar un segundo ictus, cuidando que en todas las Comunidades Autónomas sean igual de equitativos los tratamientos. Asimismo, otro de los objetivos es que no se recorte más en rehabilitación, pues con ello hemos llegado a unos índices de desatención alarmantes. Es más, diría que hay un abandono de estos pacientes cuando se les da de alta y los Servicios Sociales tampoco los atienden en sus demandas. Queremos un sistema que sea revertido; público, universal, de calidad y sostenible, en todo el ámbito del territorio nacional.

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